jueves, 2 de agosto de 2007

HOY ME SIENTO OPTIMISTA

Por: Icarojr

Ser positivos debería ser más fácil, como por ejemplo está mañana antes de salir para el trabajo me asomé por la ventana para como estaba el clima y por la cantidad de nubes en cielo decidí no irme en la bici al trabajo porque estaba segura que en la tarde llovería.

Sí hubiera sido positiva me hubiese ido en bici y ahora estaría hecha una sopa.
De pensar positivo hasta ahora juraría que él se fue un ratico comprar cigarrillos como decía su nota sobre el espejo. Aun que sus armarios estaban vacíos y el ambiente olía a abandono.

Tomar una gran bocanada de aire y ser capaz de resistir todo el túnel sin tomar más…
Mirar la paloma que se posa sobre el filo de mi ventana sin pesar que al salir me pueda cagar en encima. ¿Ser positivos?

Esta noche saldré con mi mejor gala y espero no volver sola a casa. ¿Qué tal ese positivismo? Les cuento después como me fue.

lunes, 16 de julio de 2007

HOY ME SIENTO OPTIMISTA

Mi viejita
por: Reo del 23

Ya me quitaron el respirador. El doctor se despide silenciosamente de mi viejita, que ataviada de negro aprieta con fuerza su pañuelo blanco, mientras llora desconsolada y con un silencio respetuoso, sentada en la mecedora que colocó junto a mi cama desde hace casi un año, cuando dejé de acompañarla todas las mañanas a comprar la leche y el pan.

No le puedo achacar mis malestares de ahora a la vida rutilante con la viejita. Cincuenta y dos veces le he dicho que la amo cada veintisiete del diez. Cincuenta y dos ramos de flores custodiaron siempre los chocolates caseros de don Fulgencio, el artesano de los sabores del pueblo, quien preparaba con antelación de un mes el paquete especial con el que acompañaba yo las tortas de naranja de los cumpleaños de mi querida viejita. Cincuenta y dos pollos a la naranja, servidos con sobriedad junto a las patatas y a pequeños anillos de zanahoria, melloco y tomate, manjar con el que mi madre homenajeaba ni nacimiento y detalle que conservó mi querida viejita cada uno de los cincuenta y dos diez de enero.

Cincuenta y dos años multiplicados por cada una de sus noches en los que pese a que la vida re dibujó con violencia nuestras formas, no encontrábamos nada más emocionante que mirarnos a lo ojos, con la luz de la veladora de su mesita de noche, mientras el uno ponía el pijama al otro en un ritual lento, emotivo y apasionado.

La vida nos gastó, nos apaleó, nos dejo ver que de pobres no saldríamos y que de dichosos solo lo que forjemos juntos conseguiríamos. Ahí están ahora, ocho criaturas de jeans y vestiditos que revolotean por la casa a expensas de sus padres, sin importarles el silencio que se debe guardar en la casa de los abuelos, en una situación y en un momento de angustia como el que causaba mi lecho.

Sus risas y sus zapateos opacaban los sollozos de mi viejita y no dejaban que entre yo en la luz clara que asomaba, solo conseguían que evoque las mismas risas y los mismos zapateos que perseguía yo por los mismos corredores, con la misma alegría, con la misma vida con la que alcanzo a escuchar tan reconfortante coro de partida.

El mayor de mis muchachos entra despacio, trae el agüita de cedrón para mi viejita. Le quita el tejido de las manos y le pone la pequeña taza, parte de la primera vajilla que fue el regalo más significativo de la boda. Está grande, se me parece, su esposa entra despacio también y le entrega las galletitas para que le de a su madre, ve en el rostro de mi muchacho la desazón y le da el beso reconfortante, de esos como los que recibí yo siempre de mi viejita en los momentos de angustia, en las alegrías, en las partidas y en las vueltas y en cada noche de pijama.

Detrás de la nuera aparecen los angelitos con sus caras sudadas de tanto juego, ajenos a lo que pasa a este lado de la puerta y solo exigiendo el helado prometido. La pequeña lleva un vestido rosa con una flor en el pecho, dos trenzas en el pelo y una sonrisa que deja ver que ya empezó a mudar sus dientes. Me mira con asombro, con miedo y con ternura, siempre me tuvo un poco de recelo, la barba canosa nunca le pareció acogedora.
Todos salen, les parece demasiada presencia en un espacio tan corto, solo mi viejita casi inmóvil se queda a mi lado, la taza está en la mesita y tiene entre sus manos nuevamente el tejido que la ha acompañado todo este tiempo. Me mira, me cambia el paño húmedo que llevo sobre la frente y me acaricia, se sienta y sigue en su tarea inmóvil de acompañarme, de tejer, de velarme, de no separarse nunca como nunca se ha separado, de ser mi compañera. Y ahora yo, cada vez más cerca de esta luz que encandila, que quema, que sumerge y que me aleja de ella.

Voy a extrañarla, voy a extrañar sus besos, voy a estar triste sin ella, pero sigo oyendo a lo lejos el coro de esos zapateos y esas risas y estoy optimista, porque pese a que se que va a estar triste y sola, se que estará bien, y se también que no faltará mucho para que volvamos a ponernos juntos la pijama.

martes, 24 de abril de 2007

Carta de Amor/Desamor

Cansado.
Por: Nacido un 23

Mi amor:

Me cansé de esperar. El perro del micro mercado de enfrente me ve con ganas, como si yo fuese un poste, y las viejas del salón de belleza no paran de elucubrar historias conmigo. Siento las púas de sus miradas. Imagino que creerán que estuve como un imbécil esperándote toda la tarde, como todas las tardes.
Creo que me harté. Me harté de verte salir huyendo desesperada de cada uno de nuestros encuentros, de soportar todos tus planes, de las compras, de los tés con tus amigas, del domingo religioso donde la suegra, de tus vacaciones eternas, de tu trabajo asfixiante, de tus gustos, de tus ascos, de tu moda, de tu pop y tu música para planchar, de tus compañeritos del trabajo y los del inglés, todos esos que me saludan con hipocresía cuando me ven aparecer y agarran fuerte tu cintura cuando se despiden. Me cansé de saber siempre que finges en la cama, me cansé de hacerme el cojudo y me cansé de esperar, me cansé de intentar que te enamores de mi.
Porque esto no es de intentar, esto no es de cumplir a la perfección el papel de perrito faldero. Pero lo intenté y cumplí, claro, a la perfección mi papel de perrito faldero. Pero me cansé. Por fin!, diría mi madre.
Que andarás haciendo ahora? Ahora que ya perdí la cuenta de las tardes que espero en vano que pases por el umbral de la puerta, cruces la calle y subas al bus de mi mano.
Qué andarás haciendo ahora? Tonta pregunta con la que trato de evadir la verdad de siempre, la que sé, la que siento, de la que soy testigo. Andarás viviendo, porque desde hace mucho que tu vida dejo de serlo conmigo, desde hace mucho que me niego a darte el sí que esperas: “sí, me largo, no soporto más”. Pero ahora toma, cógelo, te lo doy: “sí, me largo, no soporto más”.
No usaré nunca más las camisas Dior que me comprabas en navidad. Volveré a beber, aunque el whisky está en la alacena desde que decidiste no visitar nunca más. Comeré hamburguesas el día entero junto a la cola de naranja que tanto detestas y todo sobre la cama.
Ni una telenovela más, ni una comida vegetariana más, cancelaré mi ficha en el gimnasio y con todo lo que ahorraré en comidas, chocolates y paseos me compraré la moto que tanto quiero, para largarme un poco más lejos.
Me voy, comienza a llover, la señora que vende las flores me pregunta por qué hoy no le he comprado nada. Ya no habrá más rosas sobre tu mesa, esas que tu desprecio no admitía, pero que tu ego siempre las recibió como premio. Ahora que te las compre tu profesor de inglés.
Te amo.

viernes, 13 de abril de 2007

Carta de Amor/Desamor

Por: Zeta

Señor
Triste Cobarde
Planeta Tierra

La telepatía no me funcionó, entonces decidí usar este recurso prehistórico de escribir en un pedazo de este material llamado papel que encontré en esa caja extraña de mi tatarabuela.
“Es lo único que no le molesta que haga a la mujer de celeste que me trae las cápsulas que me alimentan”.
Mi intención? desgarrar tu alma con mis letras, intentar y saber que talvez moriré intentando que cada palabra que leas en esta carta te llegue y te golpee con la fuerza de un látigo en el cuerpo desnudo de un esclavo, que te hieran con la fuerza de lanzas prehistóricas de los soldados luchaban en las guerras por sus vidas, que te lleguen de manera directa, punzante, veloz y que se queden escritas en tu cuerpo como una prueba de mi existencia y como prueba que no deja dudas, sin el riesgo de que se queden únicamente en los pensamientos, los míos y los tuyos huidizos como son, cobardes como su creador.
Te escribo para decirte que me provocas náusea cuando veo las fotos que guardé de tí, que mi estómago se retuerce y mi mente se marea, para decirte mil veces que eres la representación perfecta de lo más cobarde y la representación perfecta de lo inexplicable, de la acción que no obedece a las palabras, de la mirada que esquiva los ojos, de lo diabólico encarnado en un cuerpo perfecto. Porque lograste que mi corazón saltara cada vez que tu silueta se acercaba, hiciste que cediera espacio al extraño sentimiento del que siempre me burlé, dejé de ser la niña fría, dura y firme para convertirme en una pluma en el viento de tu simple aroma, me convertiste en nada, me transformé en la mujer invisible y te odio por esto, te odio por que convulsionaste mi vida, por que anulaste mi interés por mi misma para convertirme en un perro fiel que cuida de su amo, por que aceleraste mi muerte, por que envejeciste mi alma.
Ojalá que cada palabra que lees en esta carta te arranque el aire como lo hicieron tus mentiras conmigo, ojalá que la vida te condene y te cobre cada uno de tus actos y sobretodo te cobre por la cobardía de abandonar el amor intenso, puro, inmenso, verdadero y apantanarte en un mundo de comodidad, ojalá que la mujer con la que te quedaste se convierta en el ogro de los cuentos de horror y que cada caricia de ella te queme hasta lo más profundo de tus entrañas, ojalá que en verdad un día te enamores como yo de ti y sientas por ella lo mismo que yo por ti, y ella sienta por ti lo mismo que tú por mí, y por último ojalá que vivas mil años envejeciendo y el tiempo no sea indiferente contigo.

Sinceramente, desde la casa blanca a la que un día me abandonaste,

Tu eterno amor

Carta de Amor/Desamor

Por Ángel Grau

Amor de mi vida:


Te mando esta serenata. Mejor dicho, te canto esta serenta yo solito ysin guitarra porque temo que también ella se enamore de ti. Y será unaserenata muda, ni mi voz quiero que se te acerque; ni mi mente tampoco,ni siquiera las letras que sudan mis dedos. Solo el amor que te tengo,que sale del corazón pero también de los poros, de las venas, de loshuesos y de los bellos. Es decir, eres el amor de mi vida o, sea dichocon más verdad, eres la fuente de mi vida. No sé si esto será buenopero solamente estoy conectado a la cordura si me decerebro a tu lado;la magia existe solo en tus ojos y solo por tus ojos puedo hacermemariposa o mariposario; me provocas unos espamos sonrientes que para elresto deben ser maléficos –el goce en esos niveles no es humano-; no hainventado el hombre un alimento tan completamente cómplice con lafelicidad como tu boca; tampoco se ha hallado una catársis de semejanteprofundidad que andar de tu mano por el cielo. No sé si esto serábueno, no sé si valdrá que yo sea tu mellizo y tú seas tan enormementegenerosa de darme pan a pesar de tu hambre, de ahogarme con el agua quete falta, de poner el pecho a las balas por mí y reirte después conternura. Ahora que te llevo esta serenata noto que tengo frío, que mepasan ideas devaluadas por la cabeza, que me pica entre el fin de laespalda y la nalga derecha, que todavía soy capaz de deslagrimarme y dedesleirme de la risa. Noto que me pasan tantas cosas que se sientenhumanas pero que, en el fondo, son divinas porque se explican nada másque por esto que no sé si será bueno.No, no lo sé. Lo que sí sé es nunca me había sentido así de bien, queno quiero sentirme diferente, que estoy satisfecho y con fuerzas paraseguir recorriendo los trechos –pedregosos o levitantes- para llegar atu corazón y darle bienestar. Es mi propósito de fe, no otro.